Crónica de un viaje de ida – Lado A

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Crónica de un viaje de ida – Lado A

30 de Octubre de 2025

Por: Mariano Valdez

Un grupo de compañeros, el fin del mundo, vigilia y mate. Días de frío, conocerse y rendir honores a nuestros héroes.


03 de febrero de 2026, Mar del Plata.

Estoy en mis primeras vacaciones después de mucho tiempo en las que me tomo más de una semana. Hasta ayer estuve con amigos en Miramar. Hoy solo, en mi hamaca paraguaya, en mi camping designado, leyendo mi libro de turno, cuando me llega un mensaje “Amigo, ¿tenés días de vacaciones disponibles?”. Agustín se tenía alguna de esas ideas que solo él tiene entre manos y tarda al menos una hora en blanquear sus intenciones: “Está la vigilia en Río Grande”.

En menos de 20 minutos le llegó un para nada preparado “Listo, estoy.” de mi parte. No me iba a quedar afuera, aunque no sabía si iba a lograr que me aprobaran los días en el trabajo y demases burocracias, de ese viaje. Una provincia por la que solo había pasado ya mucho tiempo atrás casualmente por laburo y sin poder para mucho a conocer nada, compañeros y amigos, una vigilia de la que ya había escuchado y que siempre fué un pendiente más en mi lista de cosas por hacer. El plan cerraba por todos lados.

Los pasajes fueron sacados con la celeridad correspondiente para garantizar mi lugar en ese vuelo que, luego me enteraría, iba a estar copado por gente amiga conocida y no conocida, pero que todos íbamos a compartir esa semana juntos. De lo que nadie se enteró hasta este momento es que finalmente tuve la aprobación de mis vacaciones para esos días el viernes previo a salir y tuve que armar la valija la noche anterior entre suspiros de “menos mal” y discusiones laborales.

Este tema copó las reuniones que tuvimos durante las semanas posteriores y, aunque no había claridad sobre la agenda final que se cerraría una semana antes del viaje, el equipo Aluvión se armó rápido y estaba ya en marcha preparando todo lo necesario. El plan era sencillo: conocer, pasarla bien, integrar grupos con los que veníamos trabajando pero no nos conocíamos todos y conocer más. Me adelanto a lo que viene para afirmar que se cumplió con excesivo éxito ese pasaje de desconocidos a amigos entre muchos de nosotros, si no todos, incluyendo fueguinos que definitivamente no conocíamos de antes.

¿Sobre el resto? Lean lo que sigue a continuación.

29 de Marzo de 2026, Oeste del conurbano.

Son las 04:50 de la mañana y el chofer designado para llevarnos al aeropuerto nos ha soltado la mano. Lejos de cualquier crisis, las soluciones se buscan rápidamente como corresponde en situaciones así, tenemos que llegar al aeropuerto a tiempo para poder hacer el check-in y volar sin problemas. La sorpresa surgió cuando llegamos y nos enteramos que no podía hacer ese trámite por la web porque un tocayo está inhibido a viajar por deber cuota alimentaria. Primera anécdota graciosa del viaje adentro.

Mientras resolvía esa cuestión y ligaba un, un poco más cómodo, asiento en salida de emergencia como compensación, la banda de Aurora y San Martín se hicieron presentes, y Juan y Francisco, ya estaban en el aire rumbo a la isla grande. Tímidamente los saludos afloran y solo Pablo resultaba ya conocido, el resto, a pesar de haber compartido en Obligado meses atrás, no tanto porque no llegamos a conversar en su momento, sin embargo la incomodidad se diluye rápidamente entre risas y esa primer anécdota.

Las valijas son debidamente despachadas, inclusive un aparente departamento monoambiente que carece de cualquier lógica dimensional sobre lo que uno llevaría para una semana de viaje. Pero quién es uno para juzgar. La charla fluye tranquila y se avanza con el embarque entre más presentaciones, mates que se van preparando y asientos que se van ocupando. El vuelo sale puntual y llega puntual.

Ya en Tierra del Fuego nos recibe una Ushuaia hermosamente soleada, con algo de turbulencia y un fresco que rápidamente nos hace olvidar la humedad y el calor de Buenos Aires y Santa Fé. El primer cigarro luego de viajar fue compartido y fumado rápido entre pedidos de traslados para ir a las cabañas correspondientes para ir a los alojamientos designados a dejar las cosas y hacer base mientras esperamos a los demás viajantes aún por llegar.

Aquí merece la pena hacer mención que la idea era viajar y llegar todos juntos, sin embargo un descuidado Kova, a pesar de tener horarios de salida, aeropuerto de salida y números de vuelo, parece presentar dificultades para que los pasajes fueran coincidentes. El anecdotario seguía engordando, y una vez que llegaron los últimos nos dispusimos a pasear por la ciudad.

El día termina con una choripaneada hechos por el anfitrión designado: Toto. Se suman al evento más amigos que no sabíamos que estaban presentes en aquella provincia, otros que sí y aún no habíamos visto, y la noche ayuda a terminar de descontracturar entre charlas cruzadas, cigarros apreciando una Ushuaia nocturna desde un balcón en altura y una Marcha Peronista a los gritos entonada con la justa y merecida pasión.

30 de Marzo de 2026, Ushuaia.

La mañana inicia atropellada. El alojamiento debía haberse vaciado hace ya media hora cuando menos, lo cuál nos empuja a un acelerado armado de valijas y gestión para llevarlas al departamento donde iban a aguardar mientras se llevaba adelante la agenda del día. Nos espera como actividad central la presentación del Centro de Estrategia Nacional en la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.

Los oradores y la gente empiezan a llegar al lugar tímidamente. Mientras se escucha a los compañeros, el mate gira y las rondas, o los grupos, se empiezan a mezclar levemente. Ya no hay vergüenza alguna para solicitar una de esas infusiones que tanto nos gustan a los argentinos.

En paralelo se sucede una atropellada y fuera de horario entrevista. La chica del monoambiente en lugar de valija la rompe en su improvisada pero segura participación, y también en la previa donde tiene lugar la primera charla medianamente profunda del viaje que rompe barreras.

Los eventos terminan y encaramos el viaje hacia nuestra ciudad de destino, la capital de la vigilia.

31 de Marzo de 2026, Rio Grande, capital de la vigilia.

El alojamiento y los compañeros que nos recibieron fueron igual de cálidos.  No así el agua para bañarse, que tiene una selectividad particular con bonaerenses y santafecinos, parece que con nosotros la caldera no anda y, no tan sorprendentemente, del grupo no surgen tajantes quejas si no soluciones: algunos nos bañamos igual, otros esperan a que la carrera se arregle, y fin. Para este punto no me sorprende ya, ni esta actitud, ni los chistes cruzados entre Juan y Maxi, o entre Francisco y Agustín, o entre cualquiera.

Ya los anfitriones que conocimos la noche anterior nos pasan a buscar y nos llevan a recorrer la ciudad. Museo, torre de agua y un bodegón donde comimos un lomito, que es demencial lo rico que es, antes de volver al alojamiento a prepararnos para nuestras próximas actividades en agenda: la presentación del libro de El Patriota y el primer foro por la soberanía que tomaría lugar en el centro de nuestra Patria.

Ese día conocimos a Marcio e Isis, dos riograndeses, compañeros devenidos en amigos que tuvieron una hija a  la que nombraron Malvina en un acto de Patriotismo que es de las principales características de los fueguinos junto con la puntualidad, o así descubrieron aquellos que llegaron tarde a la presentación del libro. Tarde, 15:15 hs.

Se nos acoplan los bonaerenses que faltaban llegar, Ludmila, Martina y Tomás. Ya estábamos todos cuando volvimos al alojamiento, incluso una pingüina riograndense con aparente desconocimiento de lo que es el respeto según descubriría Francisco, o cualquier otro bostero, cuando nos llevó al foro.

Ya en la universidad, nos recibe un auditorio plagado de sillas vacías y una mesa de oradores con al menos 5 amigos sentados. El orgullo es total. La actividad da inicio y las exposiciones van pasando, queda marcada la fina línea que hoy convierte en inevitable querer pararse sobre ella al menos en algunos temas: de un lado los que creemos que aún es posible una Patria más justa; del otro, aquellos que creen en la pobreza estructural y que el cooperativismo de cartoneros son nuevas formas de trabajo y no la institucionalización de la injusticia.

De fondo escucho a un Francisco decir “yo pensé que era mucho”, y cuando me giro a ver de qué se trataba la conversación descubro con grata sorpresa que el auditorio estaba lleno, a niveles que las puertas y el fondo estaban abarrotadas de gente. El éxito era total, más gente de la que uno puede imaginar tiene ganas de hablar de los problemas que atañen a nuestra gran Patria.

Se termina la lista de oradores, se canta (con gran vergüenza tengo que decir que no todos) la marcha de Malvinas que es allí el gran himno local y se procede a la choripaneada correspondiente para cerrar la jornada con amigos que, una vez más, nos reciben y atienden de un modo que difícilmente le hagamos justicia algún día cuando devolvamos el favor.

El ateneo se tornó el punto de encuentro donde, entre puchos en la vereda y choripanes, una reservada pero incisiva Chiara me interpela con un “vos sos el que me abrazó en Obligado cuando estaba llorando” entre la charla general que se estaba teniendo, descubriendo así que los desconocidos no eran tan desconocidos como pensábamos y volviendo el intercambio más amigable. Toto me llama y me presenta a Jonatan, concejal local, para hablar un poco de producción de alimentos, charla que no vamos a profundizar porque no tiene lugar en esta crónica, pero que merece la pena sobrevolar para saber que esa charla terminaría con un Toto diciendo “vos tenés que ir a la Misión, vamos a ver si se puede”.

La noche continuó en un bar local, ya todos más descontracturados luego de dar cierre a esa exitosa jornada. Algunos, si no la mayoría, fuimos caminando ya que no era lejos. La noche riograndense es fría, azota un poco de viento, pero se puede pasar tranquilo ese fresco.

01 de Abril de 2026, Rio Grande, Capital de la Vigilia.

Me despierto y pongo la pava, a la pasada me cruzo con Agustín que me avisa que se iban a conocer una empresa local. Tomo el primer mate cuando Toto me avisa que la posibilidad de ir a visitar la misión salesiana era un hecho, y rápidamente toca ordenar a la tropa porque teníamos que salir rápido. Como toda esa semana, la gente resolvió rápido, los que estábamos fuimos en el auto con Ariel, otro local que se puso a disposición todos esos días para hacer nuestra estadía más amigable, el resto en Uber que, para sorpresa de todos, tardaban menos de veinte segundos en tomar el viaje y estar en la puerta.

La Misión Salesiana fue fundada en 1983 en Río Grande, hoy es un complejo histórico, educativo y productivo, y de camino Ariel y Toto nos deslizan que aquello era lo más parecido a Malvinas que íbamos a conocer: llanura, apenas un cabo tímido al final, sin grandes lomadas o montañas y viento, mucho viento.

La sorpresa de todos al bajar de los vehículos es total, un viento que te empuja y parece que te va a hacer caer, de fondo unas plácidas vacas del tambo lechero de la locación e invernaderos que descubriremos es parte del proyecto municipal para autoabastecerse de alimentos en una isla que, de cerrarse las fronteras como en 2020, presenta problemas con ese tema que no es para nada menor. Con una gratitud total, nos despedimos del lugar y nos disponemos a viajar para almorzar en nuestro lugar de cabecera que ya requiere una mesa adicional, la mesa se volvió tan larga con los amigos que se sientan a comer que no entra ni a lo largo, ni a lo ancho del local. El corazón se agranda.

A las 20hs daba inicio la misa que da inicio a las actividades oficiales de la vigilia, así que, ya avisados de la puntualidad fueguina, todos nos presentamos en tiempo y forma en la carpa de los veteranos, aquella carpa que año a año ellos arman para llevar adelante las actividades de esta semana de la vigilia y que cuenta en la puerta con un tambor con leña, tambor que simboliza los orígenes de la vigilia, aquellos veteranos que se reunían inicialmente al calor de un tambor ya hace 31 años atrás. Esa era la última vez que iban a armar esa carpa.

Al inicio de la misa ya estábamos dispersos, algunos compartimos un mate, otros estaban más adelante, algunos sentados y el resto en otras actividades que se sucedían en simultáneo. A mí me tocó, o elegí, estar en la misa, oficiada por el párroco local que dió un discurso, con una potencia difícil de describir. Se ora, se comulga y se sigue con mate, fuera de cualquier falta de respeto la temperatura ya empezaba a bajar, pero no era lo único que iniciaba. De refilón y por un microsegundo veo al frente de la sala a una Andrea con los ojos colapsados: lo movilizante era inminente.

Con un mate caliente me acerco a lo que sería mi primera charla profunda de la noche. Completamente movilizada por todo el viaje, por la escena que estábamos viendo y la experiencia que estábamos viviendo charlamos con Andre de cosas que no voy a detallar, pero que agradezco me haya compartido. El ambiente se prestaba y la emoción me embarga a mí también, y Andre se transforma esa noche en la primera persona a la que le confieso que ese mismo días hace 5 años había perdido a una de las personas más importantes para mí. Era también la primera vez en 5 años que la estaba pasando bien esa fecha.

La misa llega a su fin y, tanto locales como bonaerenses, se disponen a reordenar las sillas en otra locación para las actividades que siguen. Los restantes salimos al exterior donde nos recibe un clima de mística que, yo, jamás había visto. Hacía frío y parecía que cada segundo más que el anterior, pero familias enteras con niños, adolescentes, octogenarios, veteranos y nosotros estábamos allí, aguantando la baja temperatura. No había bombos, ni platillos, ni cánticos, pero la mística de ese lugar, de ese momento, estaba, no sé cómo ni materializada en qué, tal vez éramos nosotros que ya estamos interpelados todos, pero en el aire existía ese no sé qué que te explotaba la cara cuando te cruzabas con los compañeros que sabías que estaban allí, pero que no habías visto tanto porque ellos estaban cubriendo los eventos de esa semana.

En la puerta de la carpa nos cruzamos con Agustín por, si mal no recuerdo, primera vez esa noche. Como siempre, aunque me cueste admitirlo, el tipo estuvo atento a los detalles como lo caracteriza su actitud y descubrió un poster en un poste de una actividad realizada ya mucho tiempo atrás. 

Desgastado por el tiempo y el clima, el desgastado poster que reza “Nace la patria. La historia la hacen los pueblos” estaba ahí, no sabíamos cómo, ni quién lo había pegado, pero estaba allí. Y nosotros no podíamos creer hasta dónde habíamos llegado, y ya no solo por el viaje que estábamos haciendo, si no porque ese poster representa el patriotismo que se puede desencadenar en una actividad completamente autoconvocada y llegar al fin del mundo donde otro de nosotros, que tal vez jamás conozcamos, tomó esa bandera.

La noche continuó entre encuentros y desencuentros. Algunos buscaban la soledad por momentos, a otros simplemente los encontraba.

“Me voy a tomar mi minuto meditativo” dije, y me dispuse a ir a fumar un cigarrillo observando un poco desde lejos esa escena mística. No podía creer lo que estaba viviendo, y reflexionaba al respecto cuando me cruzo con una de las Ludmilas en la costanera, detrás del monumento. Un poco acongojada me saluda y nos ponemos a conversar sobre lo que estaba atravesando esa noche en particular, lo cuál se relaciona, claramente, con la historia de cada uno y, una vez más, lo movilizante fue inevitable. Entre debates sobre la trascendencia y el patriotismo que se respiraba esa noche nos dispusimos a reunirnos con el resto de la gente para ver la simulación de la Operación Rosario.

De pié junto al “bunker”, desde donde transmitían los amigos streamers, la gente se abarrotaba para ver ese ensayo que contaba con un relato en altoparlantes que estremecen el frío de la noche, y uno vibraba en esa sintonía mientras veía el despliegue de esos soldados mientras trata de imaginar cómo habrá sido la toma de la casa del gobernador en Malvinas para los soldados reales en aquel entonces. El ensayo culmina y todos aplauden cuando, entre la gente, aparece Juan, otro soldado caído con orgullo ante lo movilizante, para pedir un pañuelo con los ojos cargados de lágrimas.

Juan, que es un tipo de esos que te hace reír todo el tiempo con sus ocurrencias, se vió acorralado por las emociones que cruzaban esa noche, en un momento que quedó solo entre la multitud y se entregó a la experiencia de dejar salir lo que afloraba. No podíamos evitar abrazarlo y emocionarnos con él mientras se iban acercando los demás compañeros para disponernos a escuchar y presenciar ya el acto central del evento que contó con otro de los discursos potentes de la jornada.

Ya el frío era total, no importaba cuántas remeras térmicas hubiera, ni gorros, ni guantes, el frío riograndense se colaba por cualquier hendidura posible y empezaba a entumecer levemente las extremidades descubiertas y pies. La sopa, los mates y las bebidas espirituosas fueron grandes aliadas, pero ya eran insuficientes.

02 de Abril de 2026, acto central de la vigilia.

Suena una alarma estremecedora en los parlantes y se canta el himno. Llegó mi turno de quebrarme ante las mil preguntas que se me abarrotan en la cabeza ¿Cómo se le explica a alguien que no siente amor por su País esa experiencia? ¿Cómo puede ser que haya compañeros que viven con tanta pasión que incluso en el primer año de su hija se pone a disposición para acompañar a completos desconocidos a vivir tamaña experiencia? ¿Cómo puede ser que la desmalvinización esté presente entre nosotros? ¿Cómo se puede vivir en un País tan enorme, con gente tan maravillosa y todo por hacerse en una resignación ante las dificultades? ¿Cómo se atreven a pensar que un país más justo es una utopía? Los abrazos y las caricias compañeras no tardan en llegar y calmar.

Para donde se viera seguían todos firmes, con frío, pero firmes. Los -6 grados centígrados de sensación térmica no apagaban la pasión que se vivía allí, ese fuego se podía ver en los ojos de todos, una decisión de continuar un viaje que estaba iniciando estaba presente en Pablo, Agustín, Ciro, Maxi, Chiara, Marina, Ludmila, Kova, Santi, Juan, Francisco, y todos los que no nombraré porque la lista es interminable, y porque desgraciadamente no conozco a las quince mil personas que se hicieron presentes allí esa noche.

El acto llega a su fin y nos disponemos a regresar al alojamiento. con más frío que antes, ya que “estar juntitos como pingüinos”, diría Marcio, te aporta un calor que no contabilizas hasta que te dispersas. Unas ocho cuadras nos separan del destino y no es hasta estar caminando la cuadra cinco que siento de nuevo calor en los pies, justo para ver cómo parte del grupo queda, por esas cosas de la vida que carecen de explicación, implicados como testigos de un robo que no llegamos a ver.

Al llegar al alojamiento, una vez más, no hay agua caliente y la gente se dirime entre salir a tomar algo o dormir. 

02 de Abril de 2026, Rio Grande, hogar de amigos.

Nos despertamos con más facilidad aquellos que estratégicamente optamos por dormir. Las actividades continuaban y había que prepararse  para ir al acto oficial en el mismo lugar donde la noche anterior atravesamos el frío más crudo que muchos de nosotros hayamos sentido en nuestras vidas. Una confianza ciega en que alguien más se iba a encargar de llevar el mate me deja sin mate ante el frío de esa mañana.

La amalgama de grupos da resultados y hoy ya todos nos movemos en conjunto al son de “amigo vamos para…”, o al menos los que nos levantamos a tiempo. El acto inicia y toman lugar las banderas de ceremonia, no puedo evitar ver a mis compañeros y verles algo distinto en ellos mientras vemos desfilar banderas miniatura cargadas por niños que, según nos contarían los locales, se enojan si los padres no los llevan al acto por el frío que hace.

Nos movemos hacia otro lugar buscando cierto reparo mientras van apareciendo otros compañeros, otros amigos más bien, que nos salvan con unos mates calientes del frío en la espera del guiso de lentejas y cordero que se hace todos los años para cerrar ese acto. Mientras lo comemos, un improvisado futsal toma lugar y pronto nos disponemos a volver al alojamiento para preparar todo. Las zapatillas se ponen a disposición, la ropa faltante también y en un partido en el fin del mundo, del que no puedo dar detalles porque yo elegí una siesta, se sella una complicidad que luego se vería más que clara entre los fueguinos y la gente del continente del norte.

Las valijas se van armando. Prontamente estaremos volviendo, nos queda poco en la Isla Grande y aún tenemos agenda por cumplir. Entre ello, un potencial e improvisadisimo  asado para sellar ese viaje que se gestionó mientras todos veían el show en la casa de la cultura de Río Grande para poder recibirlos a posteriori en un quincho que se consiguió veinte minutos antes, con carne que se compró quince minutos antes y tomando una cerveza que se compró cinco minutos antes en una eficiente gestión por parte de todos con el único fin de darle a ese viaje el cierre que se merece.

Como dije al principio, los objetivos se cumplieron con total éxito y todos hablan con todos, en el cierre grandes éxitos como “Querubín, Querubín” o “Toto, Toto corazón” suenan con estridente concordancia sobre todos los asistentes al cierre y las charlas oscilan entre política, cuestiones personales y charlas de borrachos que ya a esta altura no pueden faltar.

04 de Abril de 2026, Centro Juvenil Carlos Mugica.

Las despedidas fueron inminentes. Los amigos de Río Grande ya quedaron allá y Toto, el último fueguino en despedimos, nos manda saludos a través de la digitalidad que, a partir de ahora, será quien nos conecte hasta encontrarnos nuevamente en persona. Cada uno en su respectivo hogar, o camino hacia, y en sus respectivas actividades para esos días. Escribo esto en un block de notas, no voy a mentir, con cierto dolor aún en los ojos de haber sobrevivido una semana entera sin mis anteojos.

Entre historias y tuits encuentro el título de esta nota que ya la había iniciado en Río Grande y figuraba como pendiente cuando le pedí a Juan su consejo. Muchos coinciden en que no han vuelto de la misma manera en la que fueron y lo reflejan en sus redes o en los mensajes intercambiados, un viaje al fin del mundo, a una semana plagada de actividades, ha revuelto las sensaciones más profundas que un ser humano puede tener y ha sacado de lo más hondo de nuestros corazones sensaciones inexplicables. Porque genuinamente resulta inexplicable esa mística vivida, el viento experimentado, la pasión de los riograndenses cuando hablan de Malvinas, el sabor de los tomates producidos en el fin del mundo, o cualquier otra cosa que intentemos explicar.

De la misma manera que resulta inexplicable cómo un grupo que se encontró para y por este viaje, donde muchos éramos desconocidos, hoy somos amigos. Amigos que nos une esta indescriptible experiencia vivida, estos días donde el frío estuvo a la hora del día y donde hubo truco, mates y risas al mismo nivel que hubo política, porque somos fundamentalistas de que el proceso de construcción política no se hace con robots rosqueros, se hace justamente con amigos, en un ambiente donde se la pasa bien, y donde hay momentos que son para el ocio y momentos que son para la seriedad.

De la misma manera que resulta inexplicable cómo la vida juntó a treinta o cuarenta personas para ir a la vigilia que, hasta ese momento los unía una idea de destino común y nada más, y rápidamente se organizaron para poder asistir. Destino común que, para quien escribe, se resume en que nuestro trabajo debe ser la construcción de la Patria que nos merecemos, porque hoy ya no se trata, para nosotros al menos, de que queremos un mundo mejor, más justo, se trata de que nos merecemos ese mundo mejor y más justo. Y lo vamos a construir.

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