
INFORME
Refutando leyendas III:
Argentina, país de los alimentos
15 de Enero de 2026
Por: Mariano Valdez
Recuperar una conciencia nacional es el objetivo primordial para poder atender, los temas que se nos escapan, con la altura y responsabilidad que merecen.
Hasta el momento hemos recorrido y desarmado dos de los mitos principales en torno al agro argentino. En una primera instancia, el ser “el granero del mundo”, cosa imposible con la escasa participación en el comercio exterior que tenemos actualmente. En segunda instancia, “alimentos para 400 millones de personas”, una expresión tan desacertada como su uso.
Ambas leyendas, mitos, o creencias abordadas, coinciden en un mismo punto: otorgarle al campo argentino y su producción de granos una centralidad fundada sobre un irreal escenario para mantener un sistema de creencias con el objetivo de sostener la primarización de nuestra economía.
No abordar estas creencias limitantes, ya no solo tiene que ver con la necesidad de generar empleo industrial, de calidad, como ya hemos dicho, por la dignidad del pueblo en sí. Hoy, en un mundo donde las naciones tienden a tratar de producir lo mayor posible fronteras adentro, porque es más redituable desde cualquier punto de vista que importar y exportar, resulta necesario mirar de dónde más nos está sacando el foco esta manera de pensar nuestro modelo productivo.
En este sentido, tenemos, por un lado, el litio y, por otro, el agua. Dos recursos naturales que han tomado más relevancia en las discusiones del último tiempo, ya sea por la discusión en torno a Mekorot y su rol en nuestro país, o por los impactos que tiene la explotación del litio en el norte. El punto de conexión es que ambos son recursos que están siendo manejados por otros y no por los argentinos, así como su exportación en crudo, en el caso del litio, en lugar de generar toda una industria en torno a él.
Para este punto (el agua, el litio y los alimentos), así como otros recursos (tierras raras, oro, cobre, e incluso nuestras vías navegables), no conforman más que una promesa. No debemos olvidar, ni dejar de lado, que el valor intrínseco de un país depende de la abundancia y de la calidad de sus recursos, pero su poder político y su fuerza dependen del empleo que puede hacer, y sabe hacer, de éstos y de los productos que se pueden sacar de los mismos: es decir, de su valor y su riqueza.
Por lo tanto es necesario tener la conciencia necesaria de que, mientras otros exploten nuestros recursos, no solo nos quedamos sin el poder (porque no tenemos el control) y sin las riquezas (porque la plata se la terminan quedando ellos), sino que, para colmo, nos quedamos con las consecuencias de su explotación por no poder regular las diferentes actividades de manera efectiva y real. Una falla sostenida (que debemos revertir) en la transferencia del poder dentro de la Argentina de hoy, concentrado en grupos dominantes que responden a un modelo de dependencia.
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Mientras otros exploten nuestros recursos, no solo nos quedamos sin el poder y sin las riquezas, nos quedamos también con las consecuencias de su explotación.
Para revertir este estadío actual, es preciso y necesario enfocar los esfuerzos en 3 ejes principales: inserción geopolítica, planificación estratégica y la efectiva transición del poder. Pero, para ello, es necesario comprender que Argentina precisa reconstruir su poder en materia económica, militar y cultural.
En términos económicos, al menos desde nuestra perspectiva peronista, debemos reconstruir un estado eficiente y a medida de las necesidades actuales del pueblo. Por ejemplo, con un IAPI adaptado a esta era, no solo para poder hacer pleno ejercicio de la decisión política del camino de nuestras divisas en la importación y exportación de bienes, sino como ejercicio pleno de la soberanía quitándole poder a las multinacionales como ya hemos visto.
En términos militares, otro aspecto que ya se ha visto abordado en las notas de este medio, es preciso rearmar nuestras fuerzas armadas en pos del objetivo que debemos tener como nación, en términos de construcción de poder para evadir las injerencias extranjeras en nuestra tierra.
En términos culturales, un poco lo abordado en las tres partes de este informe, es necesario desandar la colonización del pensamiento ejercido por los diferentes referentes del papelón que presenciamos actualmente como país. Para ello, es necesario desarmar y deconstruir mitos, pero sobre todas las cosas abandonar las lógicas de la inmediatez para construir verdaderamente una base programática que nos retire de la dependencia.
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Es necesario abandonar las lógicas de la inmediatez para construir una base programática que nos retire de la dependencia.
Retomando lo anterior, es preciso multiplicar las áreas en las cuales el Estado debe tener un rol activo, y para ello debemos abandonar la centralidad propuesta de que somos “el país de los alimentos” y recuperar la autoestima nacional. Parte de esta reconstrucción del autoestima a gran escala, requiere necesariamente abandonar el rol de recaudador de pequeñas alícuotas que se viene presentando como la alternativa “posible” para enfrentar al entreguismo de los liberales, lo cuál requiere a su vez una serie de referentes, representantes, militantes y ejecutores de esa base programática, que entiendan la potencialidad que posee nuestro país en las diferentes áreas.
Para muestra basta un botón, y las medias tintas se diluyen con gran facilidad. Tal es así que la ley de manejo del fuego, hoy tan necesaria, ya fue anunciada que se va a ajustar a los requisitos de los más pudientes y potenciales ideólogos de los incendios que afectan nuestra patagonia. Negociar carece de sentido cuando te cagan en todas las vueltas.
Por ende, precisamos profundizar las discusiones y marcar nuestra agenda propia, y ese es el compromiso de este medio. No porque la urgencia del momento nos parezca de gravedad leve, sino porque no puede estar constantemente la urgencia tapando lo necesario.
A futuro, la profundización será mayor, pues la búsqueda de esas ideas que deben reemplazar el imaginario colectivo actual requieren de un largo trabajo pero necesario para comprender de raíz los diferentes escenarios que debemos atender los argentinos.
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