Apuntes para una planificación estratégica del deporte nacional

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Apuntes para una planificación
estratégica del deporte nacional

Por: Alejandro Rodríguez

La necesidad de un modelo para nuestro deporte y su importancia en nuestros objetivos para hacer la Argentina grande que queremos.


El deporte es un fenómeno global que abarca aristas fundamentales para el desarrollo humano de una sociedad. Su influencia es decisiva e insoslayable en lo social, en lo cultural y en lo económico. En tal sentido, creemos que debería ser incorporado como una política de Estado a través de un Plan estratégico, el cual debería definir de manera unívoca un “Modelo para el Deporte Argentino”.

Para la consecución de este objetivo primario debe tenerse en cuenta la raíz histórica, la comprensión de la compleja situación actual y la proyección de hacia dónde avanza la sociedad, y de qué modo el deporte acompaña ese desarrollo.

En nuestro país, el decenio que comprendió los años 1946 a 1955 instaló un cambio de paradigma en la relación entre Estado y deporte. Durante los años del “primer peronismo” se realizó la primera construcción armónica de una política deportiva, ampliando la base de participación para que lleguen a la cúspide los más aptos con prescindencia de su condición social. Es decir, se garantizó la igualdad de oportunidades. En ese momento, los clubes −que fueron y son las bases sobre las que se edificó el deporte nacional−-, dejaron de ser espacios aislados para ser considerados “organizaciones libres del pueblo”, las que debían tener por objetivo la defensa de la sociedad civil. 


Entre 1946 y 1955 los clubes dejaron de ser espacios aislados para ser considerados “organizaciones libres del pueblo”.

Asimismo, respecto al deporte popular, los “Juegos Deportivos Evita” marcaron récords de participación y se constituyeron en una de las herramientas más eficaces para obtener información acerca de la salud de nuestras niñas, niños y jóvenes. Además, hacia el año 1950, uno de cada cuatro argentinos practicaba deporte en forma federada.

Pasaron varias décadas para que el deporte recuperara valorización estatal. A partir de 2003, se restablecieron los Juegos Evita, Argentina volvió a instalarse como escenario de grandes eventos deportivos (Copa América de Fútbol masculino, Final de la Copa Davis 2008, ocho Torneos Mundiales Juveniles de distintas disciplinas, Preolímpico de Básquet 2011) y también recuperó extraordinarias performances en los Juegos Olímpicos, sólo comparables a las del período 1946/1955.

La propuesta de este texto es proponer el regreso a un Modelo Deportivo Nacional, heredero del que escribió las páginas más gloriosas de nuestra historia, con la ineludible necesidad de acoplarle herramientas modernas, pero sin renunciar a su esencia.

Propuestas para recuperar al Deporte Nacional

Un Modelo Deportivo Nacional debe construirse asentándose en la convicción de que la práctica del deporte y la actividad física son derechos irrenunciables como la educación, el trabajo o a la vivienda, y que el Estado debe constituirse en garante de su cumplimiento, con preeminencia en aquellos sectores donde las necesidades abundan y los recursos escasean. Es el único camino para que el deporte recupere su estatuto de bien cultural y derecho del pueblo.

Asimismo, como eje transversal y ordenador, tiene influencia y relación directa con las áreas estratégicas que conforman los otros servicios públicos fundamentales de un Estado, tales como desarrollo social, salud, economía, cultura y educación, con las cuales articula de manera directa y constante.

Es difícil concebir una recuperación real y sustentable del deporte nacional sin la revisión y modificación de la Ley 20.655 conocida como “La Ley del Deporte”. Esa maravillosa pieza legislativa que exponía como principal fundamento “el deporte como escuela de vida”, necesita ser adaptada a los tiempos que corren para que garantice una nueva sinergia eficiente y productiva, entre las gestiones a nivel nacional, provincial, municipal, y todas las instituciones deportivas.


Un Modelo Deportivo Nacional debe construirse asentándose en la convicción de que la práctica del deporte y la actividad física son derechos irrenunciables.

En esta línea, resulta fundamental sumar nuevos y potentes enfoques conceptuales que enfaticen la idea de nutrir al modelo deportivo nacional de una mirada transformadora basada en la solidaridad y las políticas de cuidado del hábitat y una seria concepción metodológica que lidere la perspectiva de género. Las distintas organizaciones deportivas internacionales realizan enormes esfuerzos para lograr un mayor protagonismo y liderazgo de las mujeres, en un ámbito que históricamente les ha resultado esquivo. Una nueva “Ley del Deporte” no debería sumar estructuras burocráticas ni renunciar al objetivo de re-jerarquizar al deporte, para volver a incorporarlo a la agenda nacional, como Política de Estado.

Una vez reformada y puesta en vigencia la nueva “Ley del Deporte”, y con la simple ejecución de la puesta en valor real del Consejo Federal del Deporte, estaremos en condiciones de avanzar hacia la conformación de un Plan Estratégico Participativo y Federal que aborde integralmente todas las aristas que componen el “Sistema Deportivo Nacional”.

Es insoslayable que las estadísticas ejercen un rol fundamental para mejorar la calidad de las políticas públicas vinculadas al Deporte. Quienes hemos tenido la responsabilidad de gestionar el Deporte en ámbitos Municipales, Provinciales y Nacionales hemos adolecido su falta, lo cual atentó contra la posibilidad de realizar un diseño eficaz de los programas a implementar, sirviendo de base de sustentación para generar un plan de acciones específicas que nos acercaran a la excelencia que pretendíamos.

El deporte como dinamizador del desarrollo económico

El deporte atraviesa sectores que son de vital interés para una Nación. Se ha escrito profusamente acerca de su incidencia en el desarrollo social, el turismo, la educación o la promoción de hábitos de vida saludables, pero poco acerca de su innegable capacidad de generación de desarrollo económico.

Si bien en algunas disciplinas con mayor relevancia mediática, como el tenis, el básquetbol o el fútbol resulta notoria la relación enunciada, la incidencia real del impacto económico que produce la industria del deporte en nuestro país aún no ha sido estudiada.


Una industria que genera una enorme cantidad de puestos de trabajo y que tiene una incidencia sobre el Producto Bruto Interno (PBI) que no ha sido mensurada.

Nuestro país posee una amplia trayectoria en lo que a organización de eventos deportivos se refiere, habida cuenta de que el mundo conoce nuestras capacidades técnicas, humanas y de infraestructura. Algunos eventos fueron a escala global (Rally Dakar), otros regionales (Panamericanos, Sudamericanos) y muchos a nivel nacional. La circulación de capital (tickets para los miles de eventos que se celebran a diario en todo el país, transferencias de deportistas en el mercado nacional e internacional, industria del entretenimiento, derechos de televisación, empresas patrocinadoras, etc.), que estos eventos generan, rara vez es atribuida al deporte como industria; una industria que genera una enorme cantidad de puestos de trabajo y que tiene una incidencia sobre el Producto Bruto Interno (PBI) que no ha sido mensurada. 

Debemos decidirnos, no resignarnos, abandonar la duda perpetua, arremangarnos como nos pedía Arturo Jauretche por aquello de que “…hay que decidirse en cada oportunidad y la opción de todos los días no es entre la teoría abstracta y el hecho concreto sino entre los hechos concretos”. En esta convulsionada coyuntura se hace imperioso fijar posición. La pregunta que debemos hacernos es si asistiremos impávidos o si, por el contrario, decidiremos operar sobre una realidad que es cada vez más adversa.

Para quienes amamos y gestionamos al deporte, un abordaje serio y respetuoso ha dejado de ser una necesidad para transformarse en una obligación. Fijar una posición implica asumir una disputa de poder; se impone en consecuencia la lucha por el sentido, y habrá que animarse a la “ética de la responsabilidad” por aquello de que “hay que resistir al mal aún con la fuerza, porque de lo contrario seremos responsables de su triunfo”.

Queda expuesto el desafío.

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