2026: Guerra sin cuartel

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2026: Guerra sin cuartel

4 de Enero de 2026

Por: Pablo Garello

Pablo Garello es integrante del medio digital Rosca y Tinto y actual Secretario General de la Juventud Peronista del Partido Justicialista de Santa Fe.

Para hacer la revolución no solo hacen falta votos, sino convencimiento y conciencia.


Escribo esto pocos minutos después del bombardeo a Venezuela. Aún sin saber cómo puede terminar, se mastica bronca. Nuevamente Estados Unidos posa sus garras sobre América del Sur. Y no, no es un cliché latinoamericanista ni la lectura de un pasaje de Galeano, es la constatación de la doctrina Monroe, la imposición de los intereses norteamericanos y el repliegue estratégico del hegemón en nuestro subcontinente. El corolario Trump, como escribió Agustín Chenna la semana pasada.

Lo que queda claro de esta intervención es la muerte del derecho internacional. EEUU bombardeó un país soberano violando la carta de las Naciones Unidas, la carta de la OEA y hasta su propia Constitución (que establece que en estos casos se debe declarar la guerra al país atacado). Como escribimos hace poco en “Poder nacional y proyección histórica” (click acá para leer la nota) el poder es la medida de todas las cosas, por sobre los imperativos morales o los tratados jurídicos, y ni hablar en este reconfigurado escenario internacional. 

¿Por qué EEUU hace lo que hace? Porque puede. Sencillamente porque puede. Eso no quita que luego la operación pueda ser un fiasco, pero sí deja en claro que necesitamos más geopolitólogos trayendo claridad al asunto que abogados o juristas. La que vivimos, es la era del poder, no del derecho.


Necesitamos más geopolitólogos trayendo claridad al asunto que abogados o juristas. La que vivimos, es la era del poder, no del derecho.

El bombardeo de ayer a Venezuela ocurrió un 3 de enero, el mismo día que Gran Bretaña ocupó nuestras Islas Malvinas en 1833. Lo que muchos olvidan es que la ocupación del archipiélago fue precedida por el ataque de la fragata Lexington de la Armada estadounidense a Puerto Soledad, destruyendo y saqueando el poblado argentino en las Islas, antesala directa de la ocupación. 

Ciento noventa y tres años después, la agresión y la violación de soberanía al país caribeño nos recuerda que la histórica alianza anglosajona sigue siendo la principal enemiga de los pueblos sudamericanos, evidenciando que si no pueden imponer sus intereses a través de la degradada democracia liberal (como ocurre con Milei) lo harán a través de la fuerza.

En un magistral discurso sobre la defensa nacional de 1944, Perón recupera una frase de Vegecio, antiguo escriba romano, que dice: “Si vis pacem, para bellum”, que significa: Si quieres paz, prepárate para la guerra. Lejos de ser un principio belicista, la frase alude a la necesidad de construir medios de disuasión para alcanzar una paz duradera. 

En un sistema internacional signado, desde el principio de los tiempos, por la dominación de una Nación o un conjunto de naciones sobre otras (de los Incas a los collas, los romanos a los celtas, los británicos a la India o los yankees a Sudamérica) como nación periférica tenemos el deber de construir el suficiente poder nacional para evitar la subordinación y la miseria. Perón, que conocía la naturaleza de los hombres y se formó en historia militar, predispuso el espíritu de sus conducidos para construir la potencia que eleve el umbral de poder de Argentina y del continente.

Lo que viene


Conducir en política es difícil porque a la vez de ser conductor hay que ser maestro, hay que enseñarle a la masa, hay que educarla. Hay que enseñar a los intermediarios de la conducción porque la conducción no se puede realizar con un hombre y una masa, porque si esa masa no está encuadrada, se disocia. La masa debe estar encuadrada por hombres que tienen la misma doctrina del conductor, que hablen su mismo idioma, sientan como él y piensen como él. Eso es lo que nosotros queremos desarrollar y la tarea principal de la conducción. Sin eso no se puede conducir.
Es como si yo, general, quisiera ir a la guerra contra un país y le dijera al pueblo argentino: “¡Venga un millón de hombres; vamos a pelear!” ¿Adónde los voy a llevar? Tengo que tomar al millón de hombres, enseñarles a pelear, desarrollar su instrucción, su intuición de lucha, su espíritu de lucha, darle la causa por la cual luchamos y entonces sí, nombrarle sus oficiales y suboficiales que lo encuadren. Después me pongo al frente y entonces… pan comido. En política es lo mismo.
La lucha política es lo mismo que la lucha militar, económica, etc. Las luchas son todas iguales. Varían los medios y las formas, pero la lucha es siempre la misma. Son dos voluntades contrapuestas a las que corresponden dos acciones contrapuestas. Las leyes que rigen la lucha son todas iguales porque las voluntades son iguales y las masas que luchan son siempre iguales. Siempre se trata de una voluntad que vence a otra, una voluntad que ha puesto en movimiento a una masa contra otra masa.

Dentro de la crisis fenomenal del movimiento, que incluye mediocridad, oportunismo, falta de conducción y de rumbo, se hace imprescindible volver a leer a Perón. En la confusión, Perón. En el sinsentido, Perón. El pasaje que adjuntamos arriba es de Conducción Política y presenta una claridad meridiana para lo que tenemos por delante. 

Más allá del cambio de época, la innovación de la técnica y los slogans cool (y tibios) de los dirigentes, la tarea permanente sigue siendo la liberación nacional. Generar un proceso político, a través de una estrategia clara, para incrementar poder y romper las cadenas de la opresión. Lo que claramente (y lo evidencia Venezuela, pero también nuestra propia historia) no será con la venia del Tío Sam.

Para lo que viene, tenemos un desafío enorme: transformar la inercia liberal de ganar elecciones por ganar en una actitud consciente y clara de acumulación de poder. Poder real para enfrentar a enemigos reales. 

El peronismo se redujo en los últimos tiempos a un partido más: acomodar la ingeniería electoral, contratar consultoras, arrear gente como ganado, elaborar campañas y rosquear alianzas superestructurales para llegar a gobernar. Eso no es una estrategia, eso es apenas el ejercicio profesional de una fosilizada democracia liberal que no modifica absolutamente nada en la vida de las personas. 

En la rutina del liberalismo partidocratico, no se establecen objetivos a largo plazo, no se enfrenta al verdadero enemigo, no se trabaja con potenciales aliados, no se forman cuadros, no se adoctrina a la masa. Es rosca y guita. No hay causa, no hay espíritu, no hay sentido de trascendencia. Y así los militantes, sin formación ni conducción, creen que el objetivo final del peronismo es Cristina libre o alguna cosa por el estilo, que el enemigo es la vecina facha de la esquina y no el poder internacional, que el oportunismo y la traición son válidos para llegar. Sin doctrina abruma la anomia.

Entonces: de a poco. Somos jóvenes y el desafío es a largo plazo. Hay que tener paciencia y labrar la tierra como hicieron los muchachos forjistas 10 años antes del peronismo. Concretamente: hay que formar los cuadros auxiliares que van a adoctrinar a la masa

Como decía Perón, necesitamos 100 mil predicadores. Hombres y mujeres a lo largo y ancho de la Argentina consustanciados con la misión, llevando el mensaje como los primeros cristianos. Usted dirá: ¡Pero Pablo, Milei ganó las elecciones con videos de un minuto, qué formación ni formación! Y yo le contestaré: Milei no quiere hacer ninguna revolución nacional. Nosotros sí.

Y para hacer la revolución no solo hacen falta votos (visión liberal) sino convencimiento y conciencia. Porque cuando queramos nacionalizar el Río Paraná la gente que te votó desinteresadamente por tik tok no va a comprender ni involucrarse en la lucha, y la derrota estará asegurada: te convertís en un administrador de la dependencia. En cambio, con los suficientes cuadros auxiliares que adoctrinen a la masa y orienten la batalla, se puede obtener una victoria: Siempre se trata de una voluntad que vence a otra, una voluntad que ha puesto en movimiento a una masa contra otra masa.

No solo lo dice Perón, los grandes estrategas desde Napoleón hasta Mao y Lenin, escribieron sobre esto. El problema es que a nuestra fuerza le falta pensamiento estratégico. O discutimos el derecho de los perros o nos matamos en peleas fratricidas por dos lugares en el concejo deliberante de Lomas de Zamora, o dispersión ideológica o tacticismo coyuntural: nunca pensamiento estratégico.

Lo evidente en este escenario es que debemos abandonar la espera. La Patria necesita una juventud activa. Que se forme en el barrio, que aprenda de geopolítica, que establezca alianzas con sectores en sus territorios, que defina un plan de acción, que predique y adoctrine. La actividad del 24 de noviembre en Obligado (sin aparato ni estructura) demostró que, si la causa está clara, los compañeros están: más de 200 jóvenes de distintos puntos del país dispuestos a dar lucha contra este modelo de saqueo y hambre.

La marea debe crecer, pero no solo en cantidad sino también en calidad. Debemos formar cuadros íntegros. Que resuelvan problemas, que conduzcan grupos humanos, que conozcan los principios doctrinarios, que tengan iniciativa y coraje, que vivan cómo y con el pueblo.

El primer paso es que los cuadros aprendan a pensar estratégicamente; para eso estamos armando una plataforma de formación nacional que presentaremos este año. Sumado a eso, las recorridas por el país. Personalmente estaré en El Dorado – Misiones en una semana, y así cada mes en provincias distintas, al igual que lo hacen otros compañeros. Es necesario llevar el mensaje a cada rincón de la Patria y dejar la semilla de reconstrucción. Cada compatriota debe empezar a organizarse en su territorio, con arrojo y convencimiento, sin esperar la autorización de ningún caudillito político.


Es necesario llevar el mensaje a cada rincón de la Patria y dejar la semilla de reconstrucción.

El comienzo de año dejó claro lo que nos espera. El corolario Trump anuncia que tendremos una batalla sin cuartel contra el imperialismo. Debemos empezar a prepararnos, con paciencia, pero sin perder tiempo. La lucha es larga y la causa es más importante que cada uno de nosotros.

Compromiso, responsabilidad histórica y fe. Vamos a necesitar mucha fe.

Feliz año, nos vemos pronto.   

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