Y EN COMUNIÓN, SIEMPRE SEREMOS PATRIA

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Y EN COMUNIÓN,
SIEMPRE SEREMOS PATRIA

27 de Noviembre de 2025

Por: Ludmila Chalón

Compañeras y compañeros de distintos puntos del país, frente al escenario de la más poderosa historia nacional. En Obligado vivimos algo inmenso.


Un día radiante acompañó junto con la hospitalidad generosa de San Pedro, al majestuoso espacio que no nos permitió distraernos de la grandeza inconmensurable de nuestra tierra. Esa inmensidad de paisaje, esa vastedad húmeda del Paraná guarda monumento y memoria viva de lo nuestro, e inspira el valor de cuidar esta patria amplia y diversa en tierra, recursos, historia, coraje y destino. 

Han quedado muy atrás esos primeros días desde aquel comienzo austero en medios y número. Dos años después, aquí somos y muchos. Ha sabido contagiar y conducirnos ese calor que brota del pecho al pensarnos juntos y orgullosos argentinos. Olvidamos en este camino recorrido ese manual estéril de conducción de mezquindades, que nos ofrecía la política del presente, y que no pensaba más el futuro.  

El homenaje del lunes fue un acto profundamente contraintuitivo. En un tiempo en el que todo, incluso dentro de nuestro propio espacio, impulsa la atomización, nos fragmentan, y dejan a la sociedad deshacerse en pedacitos sin encuentro posible, nosotros decidimos ir en la dirección opuesta: conocernos, unirnos y construir comunidad. 

Encontrarnos en Obligado fue el efecto del poder de organización. El esfuerzo compartido multiplicador de esa fuerza que parecía chiquita y hoy nos encuentra vencedores por desarmar, con nuestra unión, esa oferta de la actualidad que nos acarrea a vivir en el sinsentido de la individualidad que es, por definición, incapaz de trascender. 

Entre charlas, música y risas el viento de la costanera del Paraná nos vino a susurrar en los oídos una verdad soberbia. La soberanía no es recuerdo. No vive en efeméride, ni en bronce. La soberanía es el ejercicio cotidiano de cuidar y cultivar lo nuestro. 

Nace de la memoria, sí, pero no es una conquista que guardamos como un trofeo. La soberanía solo se encarna en el devenir del hoy. La soberanía solo existe cuando se ejerce, así, con el verbo en presente. Veo en Obligado la prueba viva de una batalla heroica, que escribía con sangre y fuego otra página de la historia mundial, que hacía a paso firme la Argentina. Escribió, una vez más, que no se puede vencer con la fuerza, el ingenio y la bravura implacable que enciende en el pecho el ser argentino. 

Y así como se escribió nuestra victoria, también el imperio comprendió que no existe fuerza militar capaz de subyugar el orgullo nacional. Frente a flotas inmensas, recursos infinitos y armamentos superiores, se encontraron con algo inexplicable para sus cálculos: un pueblo dispuesto a dejar la vida antes que entregar su autonomía y su dignidad. Desde ese entonces allí también comenzaría para ellos, un repensar estratégico y poderoso de su accionar carroñero sobre nosotros. 

Cómo dijo alguna vez San Juan Crisóstomo “El demonio no tienta al hombre tanto como quiere, sino como Dios permite” y en los rencores personales y nacionales, y la desorganización territorial lograban poco a poco inocular el veneno que iría comiendo por dentro ese orgullo criollo que hacía de sable y escudo. Hoy vivimos, legal y socialmente, las gangrenas de las heridas de muerte que nos imprimió el enemigo en el espíritu. La pobreza, la desintegración, la indiferencia y la resignación es el espectro lúgubre que vive parasitariamente de todo lo que nos hacía buenos y ser nosotros.   

Los mismos poderes que ayer no pudieron entrar a nuestro territorio por el Paraná encadenado, cuando nos planteábamos soberbios y determinados, hoy nos tienen de rodillas por habernos infiltrado el veneno de no amar y cuidar lo propio hasta los huesos. Pero veo aquí, entre nosotros, cocinarse con alquimia el antídoto para el ponzoñoso destino que nos aguardaba desunidos: la amistad infranqueable que sólo un hermano de tierra y sangre nos puede dar. 

La discusión actual no es de nombres propios ni de etiquetas ideológicas, es una disputa entre integridad nacional y desintegración. Entre identidad colectiva y fragmentación individual. Entre un pueblo capaz de reconocerse hermano y un pueblo reducido a extraños. Nuestra tarea de reconstruir el horizonte común es enorme pero inequívoca.

No hay parche que tape el agujero álmico que porta Argentina, y solo el cultivo de la más profunda esencia y hermandad, podrá coser las partes de esta nación. Recae en nosotros dejar de subestimar al enemigo y asumir la seriedad que la historia exige. 

Esa sombra que nubla el resplandor natural de nuestra gente y nuestra tierra, se enfrenta juntos, sí, pero con sentido. Allí adelante nos aguarda la formación, la estrategia, la inteligencia, la creatividad, la esperanza y la valentía que coalicionarán para poner de pie de nuevo al gigante imbatible que se llama Ser Argentino. 

Ser cadena hoy es tomar el desafío de dejar de esperar y volver a hacer. Ser cadena hoy es definirnos antes por lo que compartimos, que por lo que nos diferencia. Ser cadena hoy es volver a creer en los eslabones, que son quienes tenemos al lado

El rigor histórico no nos puede faltar. Veremos, sin lugar a dudas, al levantar cabeza, cómo querrán pasarnos por la guadaña. Como cada vez que hemos ejercido el poder soberano para solidificarnos como nación.

Nos gesta un pasado en común: la reconquista porteña, la independencia, Obligado y la tercera posición. Nos define no querer ser más terreno en disputa, carne de cañón, ni el descarte de otros. Hoy volvemos a elegir ser nosotros, ser Argentinos.

Tocará preguntarnos de aquí en más: ¿Cómo volvernos hoy las mulatas que arrojan agua hirviendo sobre el invasor? ¿Cuáles son hoy las acciones equivalentes a cruzar los Andes? ¿Dónde debemos poner hoy las cadenas en el río? ¿Quiénes son hoy los realistas del otro lado de la cordillera? ¿Cómo se prepara hoy la flota imperial para seguir violando nuestra integridad territorial? 

Cuando los identifiquemos (y los vamos a identificar) no les quepa duda compañeros: volveremos a emboscarlos, y a vencer envueltos en la celeste y blanca. 

Allá por septiembre cuando nos vimos con algunos pocos por primera vez te dije: 

Compañero, 
pienso en vos, construyo con vos, espero por vos, comparto con vos.
Sos mi amigo, sos mi hermano, sos mi amor, sos mi vecino,
sos parte de mi vida y del suelo que amo y riego todos los días.
Y creo en vos, 
porque viéndote ser, 
también creo en mí.

Hoy, además, te digo: 

A tu lado, soy eslabón.
Hermanados uno a uno, 
somos cadena.
Y en comunión, 
siempre seremos Patria. 

24.11.2025 Obligado, San Pedro, Provincia de Buenos Aires

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