
COMUNIDAD
Compañeros
24 de Mayo de 2026
Por: Pablo Garello
Pablo Garello es integrante del medio digital Rosca y Tinto y actual Secretario General de la Juventud Peronista del Partido Justicialista de Santa Fe.
Ampliar para crecer. Construir confianza sin tapujos ni pruritos, todo aquel que ame a la patria es un compañero.
Hace poco leí el genial libro de Larraquy y Caballero sobre Galimberti. Una obra excelsa, atrapante y muy bien documentada. Mientras lo leía, me llamó mucho la atención la historia de Diego Muñiz Barreto. Diego, de doble apellido, provenía de una familia de aristócratas portugueses; los fundadores del estado de Bahía. Su familia (que luego se trasladó a Argentina) tenía enorme cantidad de tierras en Brasil, Uruguay y en la provincia de Córdoba (más de 7 mil has), una colección gigante de arte colonial, empresas agropecuarias y pesqueras y acciones en el banco de Tornquist. Eran parte de la crema de la oligarquía vernácula, y por lo tanto, muy amigos de la Familia Bullrich Luro Puyrredon (Muñiz Barreto termina siendo el nexo entre Rodolfo Galimberti y Patricia Bullrich).
Como hijo de la clase alta, Muñiz Barreto era furiosamente antiperonista. En el año 1955, con solo 20 años, forma parte de la operación Bebés junto a otros jóvenes pudientes, que buscaba asesinar a Perón. La idea era volar con explosivos el auto donde se trasladaba el General, operación que termina siendo frustrada. Muñiz logra escaparse a Uruguay, pero todos sus amigos caen presos.
Adrián Pérez, que tiene un excelente artículo sobre Muñiz Barreto, continúa su historia: “Ya en el año 1955, cruzó el Río de la Plata con un bote a remo; desde Colonia hasta la zona norte de Buenos Aires, llevando 20 kilos de gelinita con un objetivo específico: volar la Escuela Superior de Conducción Peronista. Lo hizo no por su amor por el deporte, sino porque nadie quería cruzarlo por otro medio, y se entiende el por qué: de ser descubiertos en semejante empresa, las consecuencias serían severas. Diego cumplió su objetivo: más de doscientos bustos de Perón se despedazaron y, entre los escombros, encontraron un mechón de pelo que había pertenecido a Evita. Ese mismo día, Perón se reunió con su gabinete y utilizó por primera vez una frase emblemática cuando les anunció que, de producirse atentados, había que responder en una proporción de cinco por uno.”
La historia de Muñiz Barreto continúa. Con la caída de Perón regresa a la Argentina, luego de unos años vendiendo arte colonial y disfrutando una vida de millonario, vuelve a meterse en política. Es funcionario de Onganía y empieza tejer fuertes vínculos con la inteligencia del ejército; pero al mismo tiempo, y como por arte de magia, se despierta en él un fuerte sentimiento nacionalista que lo hace renegar de su propia clase. Es allí cuando conoce a Galimberti y comienza a aportar fuertes sumas de dinero a JAEN (Juventudes Argentinas para la Emancipación Nacional). Barreto se despoja de su acérrimo gorilismo, se hace nacionalista y con el tiempo… peronista.
El ilustre patricio se convirtió en el mecenas de Galimberti: guita, fierros, contactos, pasaportes. Gracias a eso y a su capacidad política, Rodolfo tuvo un ascenso vertiginoso dentro del movimiento, hasta que en 1972 Perón lo designa como Delegado de la Juventud en el Consejo Superior Justicialista. Sería el encargado de organizar a la juventud peronista para el regreso del líder.

El hecho es que, en ese mismo año, Galimberti lo lleva a Diego Muñiz Barreto a Puerta de Hierro, donde se da este diálogo:
– General, él fue comando civil. Conspiró contra usted en el año cincuenta y cinco… -intercedió Galimberti […].
– Qué bueno conocer a viejos opositores… -se alegró Perón.
– Es que yo no soportaba ese costado popular de su gobierno, General. Pero ahora lo he comprendido… -se sinceró Muñiz.
– Pero muy bien. Ahora ese empeño hay que ponerlo en la guerra que estamos librando contra Lanusse… Qué gusto decirle ‘compañero’… -y le estrechó la mano.
Con el tiempo y ya siendo Perón presidente, Barreto será diputado nacional por la JP. Termina sus días cerca del ERP hasta que muere asesinado por la dictadura del 76.
¿Por qué traigo esta historia? Porque quiero que reparemos en la real amplitud del General Perón para construir un gran frente de liberación nacional. Amplitud en serio, hasta que sangre y duela.
El péndulo
Desde su nacimiento el peronismo fue un movimiento amplio. En su primera línea convivían radicales como el vicepresidente Hortensio Quijano, socialistas como Borlenghi (ministro de interior) y Bramuglia (canciller), Miguel Miranda vinculado a la burguesía nacional, el español José Figuerola que había sido funcionario de Primo de Rivera (hoy sería catalogado como nazi), Pistarini y Mercante del ejército, el sindicalista Luis Gay cercano a ideas anarquistas. ¿Se dan cuenta? Absolutamente todo el arco político de izquierda a derecha, de progresistas a conservadores, conducidos por un líder nacionalista y popular.
El método de construcción política del peronismo es la amplitud, no la sectorización. La lógica de secta es propia del puritanismo de izquierda, retardatario y regresivo, porque en la priorización de su ideología nunca logra avances para los trabajadores. El peronismo es otra cosa.
Porque, en definitiva, ¿qué es la política? Yo creo que es la construcción de acuerdos reales con gente que no piensa igual a uno, para obtener avances sociales concretos. Es el arte de encontrar puntos en común con tendencias diferentes a las propias, para resolver problemas. Se resume en la frase de Arquímedes: dame un punto de apoyo y moveré el mundo. Solo un punto en común, y caminamos, lo otro lo discutimos en el camino. Es evidente: no tiene ningún sentido construir con gente que piensa igual a uno en todo. El juego pierde la gracia, se vuelve profundamente endogámico y hasta aburrido.
El peronismo actual no hace política porque la lógica de secta es la antítesis de la política. La secta exige a sus integrantes que no difieran en absolutamente nada y que no integren absolutamente a nadie que piense con un ápice de diferencia. Así el movimiento se va ideologizando, sectorizando y achicando, corriendo el riesgo mismo de extinción.
La exacerbación de la diferencia llegó a niveles insólitos. Ahora te salgo a putear públicamente porque no nombraste veinticinco veces a Cristina en tu discurso, y yo te salgo a putear porque tuviste el atrevimiento de criticar el funcionamiento de la secretaría de planeamiento educativo de la Provincia de Buenos Aires haciéndole el juego a Milei, y yo porque echaste a los compañeros cuidacoches de tu municipio, y yo porque no citaste la comunidad organizada y por lo tanto sos un socialdemócrata. Y así, al infinito. Partiendo, partiendo, partiendo. En nombre del peronismo, haciendo antiperonismo.
Arriba contaba la historia de Muñiz Barreto porque Perón se daba el tupé de sumar a su movimiento a un tipo de la crema de la oligarquía, que fue funcionario de Onganía, que trabajaba con la SIDE y que lo había querido matar (repito: lo había querido matar) y ustedes no quieren hablarle al compañero porque no reposteó la historia de la orga en su instagram personal.
El hecho es que se llenan la boca hablando de Perón, pero cuando Perón decía que hasta con bosta se construyen las paredes, lo decía en serio y lo aplicaba. Porque Perón entendía en profundidad la condición humana, entendía la política, que como tal es un arte. Por supuesto, el tiempo cambió y el posmodernismo arreció. Las identidades están fragmentadas y la lógica de redes sociales lleva a la polarización, a la diferenciación en vez del entendimiento.
Es obvio: el método Twitter nos hizo mucho mal. Estamos signados por el imperio del algoritmo, que siempre premia más al insulto y a la crítica, que a una posición constructiva. Siempre fomenta más el bardeo irónico contra la Campora o la agresividad sin filtros contra el Carli Bianco, que hablar bien de un compañero. Claro, la vocación de consenso no es “baitera”, aburre, no garpa.
El tema es que nosotros hacemos política, no somos influencers. Que la liga de la justicia social puteé a todo el mundo porque así se viralizan, implica una estrategia para redes y hasta puede ser entendible, pero NO ES una estrategia para la construcción política. Entonces: no llevemos la lógica de redes a la militancia porque vamos a desaparecer. Uno no puede tener una “vida digital” y una “vida territorial”, uno es lo que es, en redes y en la vida real. Me cansé de cruzarme compañeros que no se pueden mirar a la cara porque en alguna ocasión se mataron en twitter. Hablamos de un vínculo que se rompe, se obtura el diálogo y por lo tanto no se puede construir. El proceso se detiene.
Lo que le pasa a Pedro Rosemblat al respecto, es un buen ejemplo. El tipo (que de hecho no tiene Twitter) busca ampliar, invita a Feinmann, a Fantino, a Elisa Carrió a sus programas. A la gente que escuchan las viejas pelo de cooker. Ojo, no los está invitando a militar un proyecto, solamente los entrevista. Pero ni siquiera puede hacer eso porque los compañeros lo putean. Ni siquiera puede hacer su trabajo porque la ideologizada militancia peronista baja la suscripción de Gelatina.
Lo de Rosemblat es interesante porque es uno de los pocos actores políticos (yo no le pongo el mote de streamer) que parece estar siendo creativo con una situación que nos tiene empantanados. El tipo tensiona con su comunidad, la prueba, le transmite un mensaje tan implícito como contundente: el peronismo es AMPLIO y yo me quiero sentar con todos, le guste o no a tu moralismo progresista.
Ojo. Porque ya sé lo que están pensando: “Garello quiere que nos sigamos tragando sapos, al final otro garca”. Y no. No hablo de eso. Yo hablo de lo siguiente:
- La doctrina peronista exige amor a la patria y amor al pueblo. No mucho más. No podemos pedirles sangre azul a los compañeros. La lógica del identikit militante caducó. Esa idea tan 2019 de que había que ser proaborto, garantista, antiiglesia, anticampo, antiempresa, etc, etc, etc, para ser peronista está muerta. Peronista es el que ama a su tierra y a su prójimo, nada más.
- Los sapos tienen que estar, pero la conducción estratégica queda siempre en manos de un militante con convicciones, nacionalista y humanista. Conducen los Perón, los Néstor, no los Barreto ni los Prat Gay (presidente del BCRA durante todo el 2003).
- Hoy, que no hay una conducción del movimiento, la cosa se complica más. En esta amplitud que propongo siempre corremos el riesgo de que termine conduciendo un sapo, como Menem en los 90. De todas formas, el diálogo cruzado entre los múltiples sectores tiene que estar. Porque solo el diálogo (por fuera de los cierres de lista) habilita la construcción de un proceso desde la confianza. La lógica twittera obtura el proceso porque no da margen al encuentro. Esto termina provocando un juntadero de gatos que se reúne solo para el proceso electoral. Una unidad falsa de actores que se llevan mal. Loteo de ministerios, bloqueo de proyectos, puterío permanente. Resultado: una pésima gestión tras otra. Resultado final: la extinción del glorioso movimiento justicialista.
- Es verdad: la extrema amplitud puede llevarnos a una laxitud ideológica. De allí que resulte crucial la formación y el coraje del conductor. En el caso actual de acefalía, los patriotas debemos esforzarnos para que nuestra línea prime en el movimiento. Tres o cuatro ideas fuerzas sobre lo estratégico. Prima eso y lo demás se puede negociar. No se olviden de Perón en Conducción Política: “para que uno pueda hacer el cincuenta por ciento de lo que uno quiere, ha de permitir que los demás hagan el otro cincuenta por ciento de lo que ellos quieren. Hay que tener la habilidad para que el cincuenta por ciento que le toque a uno sea lo fundamental”.
La semana pasada en la provincia de Santa Fe, donde el peronismo está totalmente partido, logramos reunir a todos los sectores en un encuentro de juventud. 250 compañeros discutiendo, proponiendo y planteando acciones organizativas de cara a lo que viene. Fue una experiencia interesante en lo personal, después de dos meses de compartir cafés y conversaciones con todas las tendencias, logramos reunir a las partes y mandar un claro mensaje hacia “la dirigencia”. Es en esos cafés, en esos asados, que uno se quita los prejuicios que tiene sobre los compañeros y puede empezar a cimentar un espíritu de confianza, tan necesario para construir algo verdaderamente grande.
No quiero ser autorreferencial, pero hoy, después de esa experiencia de construcción amplia y diversa, camino más seguro. No me enrosco, no paranoiqueo, no contagio desconfianza (cosas que tanto abundan en los caudillitos del peronismo). Obvio, todos tenemos nuestras mañas e intereses (el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra), pero a la vez todos somos compañeros. Y quiero revalorizar esa palabra, “compañero”: del latín companionem, el que comparte el pan. Tenemos que volver a ser compañeros. A construir con fraternidad, generosidad, amor. Sin buscar tanto la paja en el ojo ajeno. Resistir a las tentaciones de un sistema podrido que parece premiar la competencia, la vanidad y la mala leche.
Les aseguro que solo recuperando los valores que hicieron grande a este país, vamos a poder construir un proyecto político de felicidad. Llegó la hora de la clemencia, del diálogo constructivo, del trabajo en equipo para cimentar un proceso, más allá del espacio que ocupe cada uno.
Con fe y esperanza. La Argentina volverá a ser grande.
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