Ya nadie va a escuchar tu remera

EDITORIAL

Ya nadie va a
escuchar tu remera

7 de Junio de 2026

Por:  Agustín Chenna

De héroes y genios que se van,
de lo efímero a lo permanente,
en este día y cada día.
Los dioses y las utopías no mueren jamás.


Se fue el Indio. Un adiós que, por más inevitable que fuese, no deja de doler. En mi caso, por partida doble. Se fue él. Y, con él, la sensación de que por cada genio que se nos va no hay ninguno que, ni siquiera, aspire a reemplazarlo.

Los genios que parió nuestra Patria son hijos de un tiempo distinto. Un tiempo que permitía la metáfora, el pensamiento, la penetración de la mente en lo profundo de los temas y de la forma de expresarlo. Donde la medida de lo bello, lo verdadero y lo bueno estaba dada por la interpelación humana y el éxito no se medía en interacciones fácilmente manipulables.

Fueron hijos, también, de una Argentina distinta. Una Argentina conocida por su cultura y por sus valores. Y que, resta decir, para no ser nostálgicos, todavía existe. Porque esas personas de otra época, que no se subordinaron a los estándares neoliberales y vivieron su vida como unos “renegados”, cuando mueren, son llorados por una inmensa mayoría de nuestros compatriotas. Muchos que, incluso, nunca los pudieron ver en vivo.

El Indio, particularmente, tenía algo que siempre me llamó la atención. Fue increíblemente masivo en Argentina y nunca nadie lo pudo entender fuera de nuestras fronteras. Y, aunque no parezca, tiene sentido: juntó a lo profundo con lo popular en sus letras y a los ricos con los pobres en sus misas. Un fenómeno 100% argentino y que, en el exterior, no tiene ningún tipo de sentido.

Tampoco había contradicción, como leí por ahí, entre lo “rebuscado” de sus letras y lo “marginal” de su público. Él supo conjugar, quizás como nadie, una profundidad poética sin igual con un inmenso clamor popular. No hablaba llano y burdo para que “se entienda”. Comprendió la política popular mejor que la inmensa mayoría de los políticos contemporáneos. No había que “bajar” al llano: había que elevar a las masas. No había que ser parte del sistema, sino conocerlo, comprenderlo y resistirlo. No solo desde la denuncia. También construyendo una contracultura.

En 1986 se publica Oktubre, un conjunto de piñas al estómago en pleno desenlace de la Guerra Fría y del mundo bipolar. Deciden cerrarlo con un tema que, solo por su título, ya podría ser una de las mejores creaciones de su tiempo: “Ya nadie va a escuchar tu remera”. El ritmo rápido con el que empieza, los sube y baja constantes, son un perfecto acompañamiento para

Es casi hipnótico
(el tic no alcanza a tac)
ni me moja el paladar.
¡El grito efímero!
¡el ritmo efímero!

No sé si podía imaginar, en 1986, que cuarenta años después eso iba a cobrar un sentido abrumador. “Efímero” dura cuatro minutos. El doble de lo que dura un tema promedio de la nueva industria musical con sede en Miami. El mismo tiempo en el que recomendarían hacer cuatro reels. No sé cuántos tweets se podrían leer en ese tiempo, pero seguramente muchos.

Cuando digo que expresaba realmente la política popular, fue porque nunca cedió ante una realidad que pedía avanzar mucho más rápido de lo que se necesita para comprender qué es lo que pasa. Que, a pesar de la imposición del bronceador “Charlotte” y las perlas truchas desde el Norte, nunca cedió lo eterno en nombre de lo superficial. Eso, aunque hoy parezca contraintuitivo, es lo realmente popular. Lo contrario al populismo. Decía el Indio en su autobiografía: 

Me acuerdo que decían que éramos utópicos ¿Y no es utópica la discusión política, desde la Grecia clásica hasta ahora? ¿Avanzamos tanto, desde entonces?”

Desgraciadamente, tiene poco que ver con la política que vivimos. Una actividad que es, en esencia, profunda y compleja, encuentra a sus actores presos de la dictadura del tiempo presente. No buscan comprender ni trazar horizontes. No buscan construir procesos ni mucho menos una comunidad de destino. Simplemente surfean todo el tiempo en el presente, sin pensar en el pasado ni en el futuro, sin entender la historia ni las consecuencias de sus acciones. Una política que se trata de sobrevivir y no de transformar.

“¡Murió el Indio, hay que hacer un flyer! No, pará. Ponele un poco más grande el sello para que se vea. Y fíjate si el PR podemos hacerlo con los colores de la orga”

Un tipo que dedicó su vida a renegar de las “remeras” hecho flyer para las redes. Alguien que, para que no haya distinciones de clase, no cobró en su vida una entrada, corporativizado hasta el infinito por cuanto sello exista.

La política, al menos para los peronistas, debe volver a lo esencial y permanente: comprender lo profundo, esbozar un proyecto de país serio y construir la organización popular necesaria para defenderlo, más allá de sellos y nombres propios. Eso tiene otra temporalidad distinta a la que nos quieren imponer o a la de las agendas electoralistas. Nuestra generación ya lo está empezando a entender y a aceptar. “Alrededor del reloj tu estado de ánimo”.  El frenesí nos cansó. Y ya nos estamos cansando de estar cansados.

¡Al reloj lo del reloj!

Hace un tiempo que, además del constante andar por la Provincia de Buenos Aires, me estoy tomando un tiempo para ir a conocer compañeros y procesos políticos de otras provincias. Mis conclusiones quizás son obvias, pero igual quiero expresarlas:

  1. Aunque con sus particularidades, la situación es la misma en casi todos lados: caída de la actividad económica, pérdida de empleos, nuevos niveles de marginalidad, crecimiento del narcotráfico…
  2. El peronismo sigue existiendo como fuerza política nacional. A cualquier provincia que vamos hay un proceso político interesante, serio, con cuadros jóvenes y con representación y construcción real
  3. Nadie entiende muy bien lo que pasa en la provincia de Buenos Aires, pero creen que es necesario resolverlo porque hay que ganarle a Milei.
  4. Más allá del proceso electoral, nuestra generación ve la necesidad de juntar a todas las partes que se encuentran fragmentadas. Vamos logrando acuerdos comunes e instancias de diálogo con sectores que no conocíamos y que, pensábamos de forma prejuiciosa, no lo íbamos a poder hacer

Aunque parezca contradictorio, completamente en línea con el llamado a la unidad escrito por Pablo Garello en la nota Compañeros, yo quiero hacer mi propio llamado a profundizar la interna. Creo que se explicita cada vez más, que es existencial y que hay que resolverla. Pero no estoy hablando de lo que todos están pensando.

La interna de la que estoy hablando es, realmente, interna. No la interna de un partido político o de un movimiento. Es la interna personal, en el sentido más profundo de la palabra. 

Todos los que actualmente atravesamos la interna que es noticia hace, por lo menos, tres años, somos hijos de nuestro tiempo y del mismo proceso político, que, con sus muchos aciertos, tuvo errores de concepción que son los que nos trajeron hasta esta situación. Y esos errores, con los que nos formamos y crecimos, los acarreamos en nuestra consciencia, en nuestra forma de relacionarnos y en nuestras formas de hacer política.

Lo que TODOS tenemos que resolver es la discusión en las formas de hacer política. Esa disputa no se da, como se dice superficialmente, entre sectores estancos con referencias claras, sino en una línea mucho más difusa donde TODOS expresamos -algunos más y otros menos- los límites de una política corporativa, puramente estética y electoralista, que solo piensa en coyunturas y en supervivencia. 

Ante ese discurso, muchos dicen o piensan “Así me va bien. Llegué a…”. Justamente eso estamos poniendo en cuestionamiento. Mientras ese tacticismo sirve para llegar, e incluso para sostenerse, no sirve para lograr que se termine la situación colonial de nuestra Patria o la profunda marginalidad a la que es empujada nuestro pueblo. Mantiene al peronismo, el único movimiento que se ha mostrado apto para llevar adelante un proceso revolucionario en la Argentina, en un mero recambio de nombres en la dirigencia, sin que ninguno exprese una política capaz de superar los límites del anterior.

La única forma de terminar con este proceso nefasto de decadencia nacional y poder volver a construir un proyecto soberano es construyendo una contrapolítica, cuyos valores sean opuestos a los del sistema que estamos combatiendo. Allí donde se promueve lo superfluo, lo efímero, lo individual, debemos construir lo profundo, lo eterno y lo colectivo. El verdadero pasaje de la partidocracia liberal a la Comunidad Organizada, que no se hace de otra forma que siendo consecuentes con lo que pregonamos. Allá donde hoy reina la división, construir la unidad. Donde prima lo electoral, promover lo programático. Donde ordena lo inmediato, comenzar el proceso y proyectarse a lo permanente.

Tenemos un desafío más complejo que aprender algo nuevo: desaprender algo viejo. Hace falta mucho convencimiento y un colectivo político que invite a otra forma de hacer política. Eso estamos construyendo y a eso invitamos a todo el que quiera ser parte.

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